miércoles, 7 de febrero de 2007

No creo que nos puedan

No sé si queda claro que la única política que puede interesarnos y ser efectivamente operativa es la que puede aplicarse a la vida cotidiana de cada uno de nosotros. De cómo nos manipula el mandato que ha convertido en circuito hechizado nuestro entorno y de cómo podemos arrancarle el corazón de reloj a esa pesadilla.

De cómo crear los ritos, ámbitos y circunstancias a ese alrededor que nos merodea para que las ganas de despertarse cuando nos despertamos tengan ganas de dormirse cuando nos dormimos y para que el transcurso de ese día estemos erguidos sobre una idea descolonizada de nosotros mismos, de cómo caminar al compás de una melodía que tenga tanto poder que nos haga incontenibles.

No estoy mencionando el desencanto de las revoluciones, ni de volver a la cucha de aceptar las cosas como son. Digo que la revuelta está en mi cuarto, en esa calle que arrastra, en la mirada de la persona que simula que te desea.

La militancia pasa hoy por crear nuevos ámbitos de encuentro, por violar las rutinas para que el “después de hora” se produzca continuamente, por inventar discursos y teorías que le den realidad a nuestros sueños. El quilombo no es Nicaragua, está aquí. Si falta algo es sólo que le tengamos ganas.

El psicoanarquismo que impera en algunos ámbitos tiende a atomizar las propuestas alternativas. No hay ganas de que haya movimiento, de mover la mano. Tío se pierde mucho tiempo en discutir el problema del autoritarismo, el liderazgo, la independencia. En vez de carpinterear, mandarse una de construir barcos, aviones, cuevas, clubes.

Ya es hora de tener una aventura. El peregrinaje por el aburrimiento, la depresión, el “no sé que hacer con mi pareja”, o el “en este país no se puede” o el grito de fracaso que dice “me quedo en mi casa”, mañana no tendrá ningún adepto.

Al mundo lo vamos a romper así como está. No queremos cambiarlo.

Quiero vivir como se le cante a la melodía que me baila. Sólo por elegancia hay que levantar el ánimo como si fuera un arma cargada y apuntarle al mundo.

Quizá haya que bajar línea y salir a decir: no se esclavicen a la responsabilidad. No trabajes en la fábrica que fabrica tu taradez, no hagan pactos de mierda, no derritan el fuego.

Salgamos a brillar. Los soles que nos alimentan no están administrados. Lo peor que nos puede pasar es que un día un cáncer se enamore de nuestras células. Pero ese es el problema de algún día, no el de hoy.


El problema que tenemos, el único, es como hacemos para desentendernos.

Y, la verdad, te digo lo que siento, no creo que nos puedan.

Enrique Symos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy seguro de que "en este país no se puede" se va a gastar, y los impíos que muestran los dientes cuando escuchan eso, se van a ahogar en su propia mierda.
"Salgamos a brillar"... tengo un amigo que escribió "a brillar, mi amor", ¿te suena?.
Brillemos, porque pasta nos sobra, ganas abundan y nunca le esquivamos al bulto, ¿cierto?
Genial el Blog, ya me voy a hacer uno que valga la pena.

Santiago Medeiros U dijo...

Me encantó tu forma de ver y expresar la saturante realidad... creo que tenemos muchas coincidencias al respecto, por lo que te invito con toda humildad a que visites mi blog, para tu deleite, para que me lo publicites, para que me critiques o para lo que tu gustes. Saludos y entra pronto a: http//www.santiagoalonsomedeirosurioste.blogspot.com

Virginia dijo...

Este es uno de mis editoriales favoritos de la revista Cerdos y Peces. El autor se llama Enrique Symns y era el editor de la legendaria revista. Gracias por compartir.